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miércoles, 12 de enero de 2011

Decrecimiento

Esta mañana he leído que 3,4 millones de familias filipinas (el 18,1 por ciento) han pasado hambre entre septiembre y noviembre de 2010. Son 400.000 familias más que el trimestre anterior. La economía filipina no deja de crecer, a un ritmo superior al de la mayoría de sus vecinos (en 2010 rondó el 6,5 por ciento, en parte por las remesas de los millones de emigrantes filipinos) pero el número de personas hambrientas tampoco para de aumentar. Es una paradoja, que en buena medida puede explicarse por el desmedido crecimiento de la población y por la hipocresía de la poderosa Iglesia Católica, que torpedea cualquier iniciativa gubernamental para incentivar la planificación familiar.

Es una razón, pero desde hace un tiempo pienso que hay otras más profundas y que este sistema capitalista en el que hemos crecido, ese que nos venden como "el menos malo conocido" es perverso y tiene mucha culpa de lo que está ocurriendo. Cuanto más tenemos algunos menos tienen otros. Casualmente, un amigo ha colgado en Facebook un vídeo que sustentaba mis intuiciones poco fundadas. Vale la pena ver al economista Arcadi Oliveres hablar sobre el origen de las migraciones modernas y sobre algunas razones por las que unos países son ricos y pacíficos y otros siempre son pobres y están en guerra.


Me ha interesado lo que decía este hombre y he descubierto que es uno de los apóstoles del decrecimiento, una teoría que considera que el sistema actual, sostenido por un crecimiento ilimitado nos llevará al colapso, y aboga por un modelo en que el crecimiento no sea necesario. En resumen sostienen que todos podemos vivir mejor con menos. Indagando un poco más en el tema (sí, hoy mi productividad laboral ha sido parecida a la de un koala) me he encontrado con las teorías de Serge Latouche, un filósofo y economista francés que lleva años escribiendo libros y dando conferencias sobre el decrecimiento. Me han parecido interesantes sus ideas sobre la imposibilidad de mantener un crecimiento ilimitado en un mundo con recursos finitos.



Casualmente, otro amigo ha publicado hoy en su muro de Facebook un excelente documental emitido por TVE sobre la obsolescencia programada, la manera en que la industria controla la duración de los productos para forzarnos a comprar uno nuevo en un plazo corto. Este concepto, que también he descubierto hoy, ha sido uno de los pilares de la economía de consumo desde el final de la II Guerra Mundial, incluso antes. Una de las partes más chocantes para mí ha sido ver cómo los residuos electrónicos de países del primer mundo van a parar a países pobres, como Ghana, camuflados como productos de segunda mano. La opulencia en nuestra casa, pero la basura la llevamos a África, total, son pobres y les da lo mismo tenerlo todo sucio. En el documental también aparece Latouche, que dice una frase que tiene su gracia y además es reveladora: "El que crea que un crecimiento ilimitado es posible en un mundo de recursos finitos es un loco o un economista". De verdad que merece la pena tragarse los 52 minutos del documental.


Comprar, tirar, comprar


lunes, 20 de diciembre de 2010

Vivos y muertos

Cuando me vieron aparecer con mi camarita, el trípode y el cuaderno, los habitantes del cementerio de Navotas (los vivos, se entiende), en las afueras de Manila se quedaron extrañados. Los que chapurreaban algo de inglés no paraban de preguntarme qué era lo interesante de una barriada de chabolas en el interior de un cementerio, con algunas chozas construidas sobre las filas de nichos. Arnold, un chico de 22 años que ejerció de intérprete y guía conmigo, me recomendó que fuera a Puerto Galera, la turística ciudad de playa de la que procede, en lugar de ir a sitios tan feos y sucios.





Él se da cuenta de lo miserable que es el lugar porque sólo lleva ahí unas semanas y ha visto otras cosas. En cuanto ahorre un poco volverá a su tierra. Pero la mayoría se criaron o llevan décadas viviendo en un cementerio, rodeados de basura, y tienen asumido que eso es lo que verán siempre. De aquella visita salió este pequeño reportaje. Lo que más me choca siempre que voy a estos sitios es la eterna sonrisa, la alegría, la carcajada fácil del que no tiene nada y vive despreocupado por el futuro. Los que no tenemos motivos de queja nos olvidamos a menudo de esa risa tan sana. Me acuerdo de lo que decía el otro día Ramón Lobo :
"No es lo mismo gastar todas las energías en sobrevivir cada día que estar convencido de que la vida es eterna. Los primeros no planifican, no ahorran, apenas sueñan; solo una ilusión: emigrar. Los segundos tienen tiempo libre para la eduación, la cultura, el ocio. Tampoco sueñan, solo se quejan de su mala suerte".

***
Algunos nos dedicamos a veces a escribir estas cosas. Otros, como el maestro Ander Izagirre, no sólo se conforman con contarnos historias extraordinarias, sino que además ponen su granito de arena para solucionar las desgracias que se encuentran. Aquí tenéis las instrucciones sobre cómo ayudar a las familias que viven en condiciones miserables en las minas del Potosí.

martes, 5 de octubre de 2010

Orgullo femenino

Con las mujeres uno nunca sabe bien cómo dar con la tecla correcta. Se puede tener la mejor intención del mundo, pero no servirá de nada si se hiere el delicado y misterioso orgullo femenino.
Cerca de mi casa, algunas familias viven literalmente en la calle, resguardadas de la lluvia debajo de alguna tejavana, con unos cuantos cartones y unas mantas harapientas como único hogar. Cuando paso cerca se me cae el alma al suelo al ver a los niños de corta edad, sucios, que para sacarse unos pocos pesos venden collares de flores en los semáforos. Otros, seguramente con más sentido práctico, se pasan el día mendigando en la puerta de un pequeño supermercado cercano al que a veces acudo para alguna compra de última hora.
Casi siempre que voy suelo comprarles alguna cosa: galletas, batidos de chocolate, zumos... Por eso el otro día, en cuanto me bajé de la bici y la candé frente a la tienda vinieron los siete u ocho niños de entre 3 y 10 años (más o menos) que merodeaban cerca de la puerta a pedirme dinero. Me abrí paso como pude, compré el zumo y el pan bimbo que había ido a buscar y antes de pasar por caja les cogí dos paquetes de galletas.
A la salida, volvieron todos a abalanzarse sobre mí y para resolver la papeleta de forma rápida, decidí dar los paquetes a dos de las niñas, a las que al ser mayores consideré más responsables para repartir el botín de manera justa con los demás. Fuen entonces, mientras les insistía en que tenían que compartirlo entre todos, cuando herí un joven pero irascible orgullo femenino.
Apenas había reparado en la niñita de unos 3 años, la menor del grupo, que esperaba con ansias las galletas del hombre blanco hasta que rompió a llorar estruendosamente, despechada al ver que elegía a sus mayores. Las otras dos niñas intentaron calmarla, le ofrecieron las galletas, pero las rechazó de mala manera, el mal ya estaba hecho.
Si quería que yo le entregara las galletas, tenía fácil solución, le pedí a una de las niñas mayores que me diera su paquete discretamente y se lo entregué a la pequeña enrabietada, pero no sirvió de nada, me lo arrancó de la mano y lo estrelló con todas sus fuerzas contra el suelo. Con el orgullo herido, el hambre era lo de menos.

jueves, 12 de agosto de 2010

La educación sexual en Filipinas se topa con la férrea resistencia del clero

La educación sexual se abre paso a trompicones en Filipinas pese a la férrea oposición de la Iglesia Católica en un país amenazado por la superpoblación y la expansión de las enfermedades venéreas.

Con polémica de por medio y demandas judiciales que persiguen que se prohíba la enseñanza sexual, el Ministerio de Educación navega sobre turbulentas aguas con la finalidad de que estudiantes de más de 150 escuelas de todo el país reciban información acerca de como pueden prevenir los embarazos indeseados y también contribuir a frenar la incidencia de las enfermedades de transmisión sexual.

El programa, que recibe financiación de Naciones Unidas, es una vieja aspiración de muchos políticos filipinos, pero ningún gobierno se había atrevido hasta ahora a desafiar a la poderosa Iglesia, en un país donde el 80 por ciento de la población se declara católica.

Los tribunales desestimaron hace dos semanas una denuncia contra la ley presentada por un grupo formado por una treintena de padres y liderada por Jo Imbong, un conocido abogado que trabajaba para la Conferencia Episcopal de Filipinas.

El argumento más frecuente esgrimido por los detractores de la educación sexual, que a nivel nacional será impartida a niños de 11 años en adelante, es que vulnera el derecho de los padres a elegir los valores morales que transmiten a sus hijos.

La ministra de Educación saliente, Mona Valisno, aprobó este proyecto educativo antes de dejar el cargo tras el cambio de Gobierno del pasado 30 de junio, con el objetivo de dotar a los estudiantes de la información necesaria "para tomar decisiones y elegir" sobre su vida sexual.

El nuevo Gobierno del presidente, Benigno Aquino, alega en respuesta a las contumaces críticas del clero y de los sectores más conservadores que "la educación sexual no tratará del acto sexual en sí, sino de la ciencia, la higiene, los valores correctos y las relaciones interpersonales para evitar el sexo prematrimonial y el embarazo de adolescentes". Además, el Ejecutivo recalca la necesidad de tomar medidas ante la rápida expansión que el virus del Sida ha registrado en los últimos meses, y que ha sido calificada de "alarmante" por las autoridades sanitarias.

El Ministerio de Sanidad alertó la semana pasada del aumento de casos positivos en el país, con 809 nuevas infecciones detectadas en los primeros meses del año, frente a los 829 casos detectados en 2009.

Aunque la incidencia es menor que en otros países de la zona, muchos expertos advierten de que los datos no son fiables ya que se basan en los registros oficiales de los hospitales y existen cientos de enfermos de barriadas pobres que no son conscientes de que son portadores del virus del Sida.

Clara Rita Padilla, directora de la organización Engender Rights (Derechos de procrear) apela a la separación entre Iglesia y Estado y reclama el derecho de los adolescentes filipinos a "conocer los peligros de su comportamiento sexual".

Un estudio del Instituto Guttmacher, de Estados Unidos, indica que en Filipinas la mitad de los embarazos no son deseados o planeados, mientras que el Informe Nacional de Población de 2008 reveló que el 4,7 por ciento de los niños del país son alumbrados por mujeres de entre 15 y 19 años.

"Esto demuestra que las jóvenes filipinas no sólo son sexualmente activas sino que están dando a luz a edades inferiores a 19 años, una edad a la que la tasa de mortalidad en el parto es alta", subrayó la experta.

Por otro lado, el padre Eduardo Hila, sacerdote y profesor de un colegio de la provincia de Pampanga, a cien kilómetros al norte de Manila, aclaró a Efe que "la Iglesia no está en contra de una educación sexual pero es un asunto que se debe encarar desde un punto emocional y espiritual, además de científico". Hila destacó que la Iglesia sospecha que detrás de la iniciativa gubernamental está el "propósito oculto de solucionar el problema de la superpoblación y fomentar la contracepción".

La Iglesia ha reiterado su oposición a cualquier medida destinada a difundir el empleo de los contraceptivos en Filipinas, país donde el 44 por ciento de los 92 millones de habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza.
(Crónica que publiqué ayer en EFE)