Los padres, que portaban casco, sobrevivieron a la colisión, pero no Han, que excepecionalmente iba desprotegida "para que no se le estropeara el peinado" en su visita a la abuela.
Muchas de estas tragedias cotidianas se evitarían con una medida tan sencilla como el casco, pero sólo un 10% de los menores lo usan y apenas un 2% de los que no han cumplido tres años.
El panorama entre los adultos no era muy distinto hasta diciembre de 2007, cuando entró en vigor la ley del casco y todos se lo pusieron. "Antes de que entrara en vigor la ley, ni siquiera el 10% de los adultos llevaba casco. Pero de la noche a la mañana, todo el mundo se lo puso" , dice Mirjam, habituada a escuchar excusas como que "estropea el peinado" o "da una apariencia estúpida" .
Antes de que las autoridades declararan obligatorio su uso para los adultos, muchos padres protegían la cabeza de sus hijos, pero dejaron de hacerlo cuando creyeron la teoría difundida por algunos periódicos de que el excesivo peso de la protección podía provocar daños en la columna del niño. Mirjam confirma que "fue un rumor que se expandió a raíz de un artículo periodístico". "La realidad es que existen cascos especiales para niños, ligeros y resistentes" .
El vacío legal es otra de las causas de que no lo lleven, dado que la normativa establece que todo pasajero de una motocicleta debe ponerse el casco, pero no especifica a partir de que edad es obligatorio y descarta la sanción policial para el menor de 14 años o el conductor del vehículo en el que vaya como pasajero. Es decir, que el casco es obligatorio para todos, pero no es posible hacer cumplir la ley a los menores. Como dice Mirjam, "muchos padres creen que no es necesario porque la Policía no les dice nada".
A la espera de que el Gobierno modifique la ley, la AIPF lleva a cabo diversas campañas en las escuelas para inculcar su uso y han desarrollado en una fábrica sin ánimo de lucro en Hanoi un casco especial que se adapta a la cabeza de los niños asiáticos. Mirjam dice que está satisfecha con la respuesta de los niños, pero tiene por delante algo más difícil: convencer a los padres, que siguen pensando que el casco hará daño a sus hijos.