Sí que me volví a preguntar qué pinto en Vietnam, pero no perdí demasiado tiempo en lamentarlo tan ocupado estaba en disfrutar. Esta vez, el gol de la victoria no lo metió Echeveste sino Goikoetxea, como ya profetizó alguno el otro día. Se llenó el campo, salimos en tromba, apoyó el público de la manera tranquila que apoya el público en Irún y jugó el Real Unión de la manera que juega el Real Unión. Y a 10.000 kilómetros de distancia, me desperté pasadas las 3 de la mañana y puse la radio por internet (bendito internet) cuando ya íbamos ganando. En mi cuarto a veces se pierde la señal, así que tuve que salir a la escalera, donde me acomodé con el ordenador en el regazo. Allí, sentado en un peldaño y casi a oscuras, con cuidado de no despertar a mis compañeros, canté en silencio los demás goles de mi equipo y celebré, también en silencio, dando puñetazos al aire, el pitido final. Intercambié algún mensaje y, con una euforia amortiguada por la distancia y el sigilo obligado, volví a la cama pasadas las cinco de la mañana y dormí apenas dos horas soñando con los goles que no había visto pero que no olvidaré.
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Hoy toca deleitarse con algunas crónicas, sobre todo las de los medios madridistas. Me han gustado mucho dos artículos del As.
http://www.as.com/futbol/articulo/futbol-honor-bisabuelos/dasopi/20081031dasdaiftb_33/Tes
http://www.as.com/opinion/articulo/copa-viejo-querido-real-union/dasopi/20081031dasdaiopi_4/Tes
También da gusto que hablen de nosotros en el extranjero.
http://www.lequipe.fr/Football/breves2008/20081030_225748_le-real-se-fait-surprendre_Dev.html
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viernes, 31 de octubre de 2008
jueves, 30 de octubre de 2008
¿Qué pinto en Vietnam?*
Hoy es uno de esos días en que me pregunto qué pinto yo aquí. ¿Qué hago en Vietnam si el centro del universo está a cinco minutos de mi casa, en Irún? Sí, ya, lo de la experiencia única, el descubrimiento de un país y una cultura nuevas, conocer gente, perderme por parajes impresionantes y todo ese rollo de la oportunidad profesional, el futuro y las puertas que te abre una beca como la que estoy disfrutando este año en Vietnam. Sí, sí, lo que quieran, pero me sigo preguntando qué hago aquí, si hoy tendría que estar a miles de kilómetros de distancia, si hoy, muchos años después, el mejor equipo del mundo se enfrenta al Real Madrid en el Stadium Gal. No es la primera vez. Ya les ganamos una final de Copa en 1918, y otra en 1924, cuando Echeveste metió el gol de la victoria (en la foto), y tres años más tarde, aunque esta vez en semifinales, cuando volvimos a ser campeones. Me acuerdo como si fuera ayer, aunque no hubiera nacido, porque crecí escuchando las historias que contaba mi bisabuela, la abuela Nati, de cómo Irún se paralizaba y la carretera de Amute se llenaba de automóviles en aquellos años en que ver uno era un acontecimiento, de la destreza de René Petit o de la agilidad bajo los palos de Antonio Emery. Y de mi historia favorita, la de los fanfarrones argentinos de Boca Juniors, que después de una gira gloriosa por los mejores campos de Europa salieron goleados por un alegre grupo de humildes pero excepcionales futbolistas a los que habían menospreciado unas horas antes. Y también, claro, de las ya inmortales canciones de aquel inspirado parrandero irunés llamado Peio Bixente, al que mi abuela nunca reconoció su vitola de trovador oficial de los años gloriosos porque "sólo era un borrachín". No sé, quizá por todo eso y por esa parte intangible que hace al fútbol tan grande, esta noche, cuando aquí la madrugada esté ya más que avanzada, estaré pendiente de Internet y del teléfono, de la fiesta de Gal, y empujaré lo que pueda. Y cuando el árbitro pite el final y el estadio explote de júbilo y el marcador diga que sí, que hemos ganado al Madrid, me volveré a preguntar qué pinto yo aquí, en Vietnam, a 10.000 kilómetros del centro del universo.*Artículo publicado en la edición de Noticias de Gipuzkoa del 30 de octubre
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