Me quedan menos de tres horas para coger el taxi que me lleve al aeropuerto y me introduzca en
una locura de veinte horas y cuatro escalas. El año termina, pero no el blog, cuyo tiempo va muuucho más despacio que el real, queda alguna historia que contar. No sé si me dará tiempo a escribirlas en casa o lo haré ya desde Manila, donde voy a trabajar a partir de finales de octubre. Tengo la maleta sin hacer y una mezcla de pena, alegría por volver y sobre todo inconsciencia, todavía no me creo que este año haya terminado ya. Pero estoy seguro de que volveré a este país, sólo le digo hasta luego: gap lai en vietnamita.
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